Ricardo Fort: secretos de un ídolo obsceno Inventos y verdades del millonario que nunca ganó un peso y en 40 días se hizo famoso. Ricardo Fort pide dos pechugas de pollo con una ensalada de arvejas y las come a paladas, casi sin masticar. El tosco y repetitivo movimiento de su tenedor, del plato a la boca, se prolonga durante minutos hasta que se detiene de golpe por la interrupción de una chica que le acerca un sobre. Fort parece atragantarse: “Ya sé lo que es. Te agradezco, pero no me interesa”. La joven ilusionada osa insistir, pide que Fort, el millonario, el hombre que todo podría comprar, considere su propuesta. Pero recibe a cambio una mirada de desprecio que le hace agachar la cabeza, tomar el sobre y retirarse, justo cuando los brazos de Fort comienzan a retomar su rutina mecánica para vaciar el plato y saciar su voracidad. Ricardo Fort parece acostumbrado a que todos, todo el tiempo, le quieran sacar tajada. Él lo sabe y si le es útil, lo consiente. Pero si no, descarta cosas...